NUEVA YORK: A PRUEBA DE TODO

Nueva York es una ciudad amada por muchos y odiada por otros tantos. Y así debe ser con una metrópoli que es soberbia desde finales del siglo XIX, cuando se transformó en uno de los principales centros mundiales del comercio y las finanzas. Con influencia a nivel mundial en los medios de comunicación, en la política, en la educación, en el entretenimiento, la moda y el arte.

  La fila de migración para entrar a Nueva York es larguísima. Hay visitantes de todos los rincones del mundo, es como una síntesis de la geografía humana. Hace cinco años que no venía; la primera vez fue en el mes de noviembre de 2001, dos meses posteriores a los atentados al World Trade Center, para cubrir un reportaje especial. Hoy, he llegado aquí con la intención de conocer Nueva York a fondo. Aunque llevo conmigo el City Pass, intento evitar las atracciones turísticas que buscan los visitantes primerizos. Así, después de una exhaustiva revisión de documentos con los oficiales de migración, salgo del aeropuerto JFK, uno de los más visitados del mundo, para internarme al mundo subterráneo del sistema de transporte, el metro. Como dije: quiero vivirlo a fondo. EL BARRIO DE QUEENS Y LA ONDA HIPSTER He reservado tres hoteles diferentes en zonas distintas. Las primeras noches las pasaré en Queens, el condado étnicamente más diverso en Estados Unidos y el segundo más poblado de la ciudad de Nueva York, con una población de 2.3 millones de habitantes. Después de 40 minutos de viaje en el subterráneo –considerado el segundo más antiguo del mundo–, he llegado a mi primer destino, el Hotel Z. Rodeado por bodegas, el hotel puede intimidar a los turistas debido a su ubicación, pero una vez que se admira la moderna fachada, con una limusina colgada en su marquesina, los viajeros entendemos que se trata de uno de esos hoteles que se han arriesgado para otorgarle su lugar a este barrio, que hace algunas décadas era el epicentro del jazz. Louis Armstrong, Count Basie y Ella Fitzgerald encontraron refugio de la segregación en las comunidades mixtas de este distrito. Desde que abro la puerta de mi habitación, me siento orgulloso de haber elegido esta opción. Creo que tengo la mejor vista de Manhattan y a la mitad de precio de lo que encontraría en el otro lado de la isla. Sin embargo, ya es tarde y estoy hambriento. Pregunto en el lobby por un restaurante cercano; me hablan de un smokehouse donde preparan brisket, roast beef y otras delicias no aptas para veganos. Rápidamente pido la clave de internet –servicio gratuito– y me meto al Foursquare del restaurante para ver las fotos que han compartido los comensales que lo han visitado, donde aparecen platillos con monstruosas cantidades de carne ahumada de todo tipo. Salgo y apresuro el paso. El restaurante llamado John Brown Smokehouse se ubica a sólo tres cuadras y es reconocible por su olor a BBQ. Lo compruebo… estos gringos sí que saben de asados. Aquí hay un menú que me hace titubear: pork belly, tip ribs, burnt ends, pollo, pavo… y por si fuera poco, más de 40 etiquetas de cervezas. Después de un atracón y resignado a pasar una noche con la inevitable acidez estomacal, debo regresar para intentar descansar, tengo un itinerario peatonal muy salvaje. 2 ARTE EN MOVIMIENTO EN QUEENS Si hay algo que debo agradecerle a la acidez estomacal es que a las 5:00 de la mañana me hizo despertar para admirar los rascacielos de Manhattan desde mi ventana; más a la izquierda, se ve el resplandor de Times Square, que parece iluminar el cielo. La emoción hace que mi estómago gane la batalla, o que se me olvide el malestar. El día de hoy recorreré Queens. Comienzo con el Museo de la Imagen en Movimiento. Se trata de un edificio de tres pisos abierto al público, dedicado al arte, la historia, la técnica y tecnología de la imagen en movimiento en todas sus formas. Hay público de todas las edades, están los conocedores de cine clásico, niños, y uno que otro freak adicto a los videojuegos. Soy uno de los fanáticos de Breaking Bad, la serie televisiva que hace apología del antihéroe en la cultura pop y tengo suerte de ver el vestuario en la exhibición temporal. Pero antes, tomo asiento en la sala de proyecciones para ver un video experimental sesentero que hizo Jim Henson, el creador de Los Muppets, en su etapa más alucinógena. En la primera planta está la exposición: Persol Magnificient Obsessions: 30 stories of craftsmanship in film. Fue una oportunidad para ver los artefactos raramente vistos de algunas películas, como de Fear and Loathing in Las Vegas, donde Johnny Deep interpretó al periodista gonzo Hunter S. Thompson. Aquí vi su máquina de escribir, las llaves de los moteles a los que llegaba y sus inconfundibles camisas hawaianas. Metros adelante se exhibe el vestuario de Eiko Ishioka para la película Drácula, del director Bram Stoker, que me deja sorprendido por la perfección con la que fue creado cada atuendo. EL HUMOR DE BLOOMBERG, EL GRAFFITI Y BANKSY Aún hay buena luz. Salgo y camino hacia Five Pointz, uno de los pocos sitios de graffiti con los que Bloomberg, el jefe de la ciudad, no se ha metido. Bloomberg le ha declarado la guerra (utópicamente) al arte urbano. Dice que “el graffiti arruina la propiedad pública y es un signo de decadencia y pérdida de control”, aunque justo durante mi visita, el artista Banksy 3también estaba en la Gran Manzana dejando sus pintas, esténciles e instalaciones. Traté de conocer algo de su obra, pero Bloomberg obligaba a su departamento de limpia a borrar el trabajo del artista urbano en cuestión, cada vez que éste promocionaba sus últimas obras a través de las redes sociales. Sí, el jefe de la ciudad hizo tanto alarde de su campaña anti-Banksy, que al final, ésta resultó benéfica para ambos: Banksy, ya en Houston, seguía con su exitosa gira para hacer campaña de “atentado contra las buenas costumbres” –o mejor dicho las fachadas–, mientras Bloomberg, como hombre de negocios, terminó atrayendo turistas. Aunque los berrinches de Bloomberg son evidentes contra los artistas urbanos, Five Pointz es uno de los pocos espacios monumentales que le comparten sus paredes como lienzos a los artistas del aerosol. Es un edificio ocupado por bodegas recicladoras de basura, con más de 200,000 metros cuadrados de concreto para 350 murales, todos coordinados por Jonathan Cohen, quien también está involucrado en una organización. Desafortunadamente, Five Pointz pretende ser demolido para dar paso a un proyecto residencial de 400 millones de dólares. Por ello, pude ver a fotógrafos y videoastas documentando cada uno de los trabajos gráficos que desaparecerán. EMBUTIDOS, JOHN LENNON Y EL MORBO La tarde anunciaba lluvia. Es la hora del maravilloso ritual gastronómico. Nueva York tiene sorpresas cada día, siempre hay nuevos restaurantes y aunque no soy un fanático de la comida italiana, decido hacer lo propio para reconciliarme con ella en este destino. Lo más auténtico de la comida italiana del noreste del país de la bota se hace en Salumeria Rosi Parmacotto, un restaurante-charcutería que vende los mejores embutidos de todo Nueva York . El chef es Cesare Casella, famoso por ser el anfitrión de Tom Cruise, Jhony Deep, Anthony Bourdain y otras estrellas; también por el gran manojo de romero que se pone en el bolsillo de su camisa. Lo reconozco a distancia. Pronto se acerca a mi mesa y me ofrece el coctel de la casa llamado Apero spritzer, preparado con tonic, prosecco y aperol; enseguida un plato de alubias a la vinagreta, anchoas del mediterráneo italiano y una tabla de embutidos. ¡Hay Prosciuto di Parma de 6, 12 y 24 meses de curado! Todo me hace babear, pero las costillas de cerdo en salsa de tomate y albahaca con los ñoquis me hacen entrar en catarsis. El vino circula como en la casa del dios Baco. El chef se acerca y me pregunta qué me pareció la comida. Mi respuesta fue llana: “fue como una reconciliación con mi esposa”. Cesare comenzó a reír. Los mexicanos y los italianos tenemos mucho en común. Antes de despedirme, recordé que alguna vez me dijeron que la mayoría de los restaurantes de Nueva York tienen como cocineros a paisanos poblanos; a lo que Cesare confirmó lo dicho: su brazo derecho en la cocina es el poblano Abad Vázquez. Feliz, salgo aletargado; camino hacia el edificio Dakota donde vivía y fue asesinado John Lennon, el 8 de diciembre de 1980, después me perderé en Central Park. 4 AL ESTILO MANHATTAN La primera noche en Manhattan la pasaré en Kitano, un hotel de tradición japonesa ubicado en Park Avenue. Me gustaría dormir en la única habitación que reproduce un típico hogar de Japón, con todo y su piso de tatami y la sala de té, pero no me alcanza. Con protocolo japonés hago el check-in y dejo mi maleta en la habitación. Es la hora de cenar y el restaurante Les Halles –el brasserie donde cocinó Anthony Bourdain durante sus últimos años como chef– se encuentra a sólo unas cuadras del hotel. Éste es ya un clásico, un buen francés en Park Avenue. Hay foie gras con manzanas salteadas, escargots a la mantequilla y cortes de carne. El chef es Carlos Llaguno, otro poblano que se quedó al mando de este restaurante, con quien tengo la oportunidad de platicar. Me comenta que su equipo se conforma por casi puro mexicano (también poblano), pero también confiesa que el tema del alcohol afecta en la operación de su personal. “Los mexicanos somos muy fiesteros”, dice. Carlos se muestra orgulloso. Los clientes los reconocen por haber salido con Anthony Bourdain en su programa No Reservations, sin embargo Llaguno demuestra que no desea colgarse del nombre Bourdain, incluso lo critica y afirma que “Anthony Bourdain es un pendejo para cocinar”. Con un apretón de manos nos despedimos. Oscurece y parece ser la mejor hora para la única visita que haré a Times Square. TIMES SQUARE: LA ENCANTADORA Y DESMESURADA Hoy parece ser que Times Square, el corazón de Manhattan, no tiene un solo espacio en el cual colocar un anuncio. Mike Bloomberg, el avispado hombre de negocios y también alcalde de Nueva York, propuso deshacerse de las papeleras, puestos de periódicos y marquesinas de paradas de autobuses para reconvertirlos en sitios publicitarios. Simple confluencia de un par de calles, Times Square es la encrucijada de caminos en la que desde hace cien años se encuentran las vanguardias. A pesar que en los años 20, el ruido de las rotativas del New York Times no impidió que la intersección entre Broadway y la Séptima Avenida siguiera siendo el lugar de encuentro de hampones y prostitutas en aquella época. Se abrieron antros (donde no existía ley seca), salas de striptease y locales de juegos prohibidos. Pero hoy, aquí, las fachadas de los edificios exhiben anuncios de Nasdaq, Toys “R” Us, Morgan Stanley, Dockers, McDonald’s y videjouegos. Son el escaparate más caro del mundo. Veo anuncios, bizarros pero también exquisitos. Mucho más abajo, en las aceras, bulle la multitud. Todo es un panorama reticulado del más exquisito consumo, a ras del suelo el espectáculo se toca. Turistas mirando al cielo, músicos, bailarines, también está Mario Bros, raperos, Spiderman y el popularísimo naked cowboy –con todo y sus copias piratas–, limosneros, iluminados, locos, perdidos y homeless del mejor pedigrí. Miembros de ONG y de entidades deportivas, culturales y benéficas. Todo cabe junto a un asfalto donde transita una marea de autos, mitad taxis amarillos, mitad limusinas interminables. Entre todos, los 26 millones de turistas que cada temporada visitan el triángulo luminoso y que se sienten seguros por los cientos de policías y espías que patrullan el entorno. 5 No hay que negarlo, Times Square es la representación por excelencia de todo un sistema capitalista, el símbolo de una civilización desquiciada y creativa, desmesurada y sorprendente, de los tiempos modernos que nos han tocado vivir. Contrariado y un poco aturdido, regreso al hotel. Reservé un lugar en Jazz at Kitano, el club de smooth jazz coordinado por Gino Moretti, un experimentado roadie que conoce la escena del jazz desde hace 40 años. La noche en este club es intensa. Aunque la mayoría de los asistentes son personas de la tercera edad, la interpretación de la invitada de hoy, Liza Kant, hace que se me enchine la piel. Me despido de Gino mientras la síncopa musical hace de las suyas en mi cabeza. EL RENACIMIENTO DE LOWER MANHATTAN Los hipsters neoyorkinos hablan de una atracción llamada High Line Elevated Park. Se trata de un parque urbano elevado, construido sobre una antigua línea de ferrocarril. La plataforma elevada dejó de utilizarse en 1980 y en 2003 fue recuperada por la sociedad civil para hacer de ella un corredor peatonal. Durante el trayecto de más de 2 kilómetros de longitud admiré instalaciones artísticas elaboradas por jóvenes creadores, graffitis y una serie de huertos urbanos. Ya imagino cómo se pone este lugar en verano, todos tomando el sol o tomando cervezas en los beer gardens, desde lo alto de las azoteas de los edificios que se han convertido en bares. Mi ruta concluye en el Meatpackers, una zona que anteriormente funcionaba como rastro, ahora convertida en una zona snobie y hipster, con restaurantes y boutiques por doquier. Para calmar la sed asisto a Hogs & Heifers, una cantina tan salvaje que los propios spring breakers resultan inofensivos. Bebo una cerveza, veo el baile cachondo de las bartenders en la barra y continúo mi camino hacia Lower Manhattan. Voy hacia la Zona Cero para conocer el 9/11 Memorial. EL MEMORIAL Y LA PARAFERNALIA DEL 9/11 Desde unas cuadras antes de llegar, siento una energía especial. Sé que estoy sugestionado y ello hace que voltee hacia arriba de los edificios. Mi inconsciente me hace imaginar que sucederá algo extraordinario. También descubro que los turistas ya no se ven felices, sus rostros se parecen a los asistentes de un parque de diversiones que están a punto de subir a un juego mecánico que les volteará el estómago; pero no es así, se trata de un lugar en donde la historia contemporánea fue lastimada con los actos terroristas que derribaron las dos torres, causando la muerte de casi tres mil personas. El Memorial está cercado, hay cientos de policías a su alrededor. Desde afuera, logro ver las estructuras que ha diseñado Calatrava, que semejan a un esqueleto de ballena. Pero antes de entrar, asisto al Tribute WTC 9/11, un pequeño museo de cinco galerías que exhiben todo lo referente al World Trade Center, desde las maquetas de los edificios, hasta objetos rescatados de los escombros; fragmentos de avión, hasta trajes de bombero y cosas personales de los fallecidos donadas por las familias. Mientras caminaba por sus estrechos pasillos, conocí a Bill Spade, el único de los doce bomberos de la brigada de rescate Co. 5 que sobrevivió a los atentados. Durante una charla, Bill comenta que logró salvar a más de cien personas, pero también dice con pesar que sus 11 compañeros murieron. Siguen las pesadillas con imágenes y situaciones horrorosas, como ver a la gente caer desde lo alto de las torres. Hoy el ex bombero sufre de infecciones respiratorias debido a todo lo que inhaló durante los rescates, pero afirma que después de cuatro años de terapia encontró en el Tribute WTC Visitor Center una manera de volver a vivir a través de los recorridos que brinda a los turistas. Ahora, afirma Bill: “Cuando pongo mi cabeza en la almohada por la noche, le digo a Dios: ‘Gracias por un día más’, y cuando me levanto me digo: ‘¡Wow, gracias por otro!’”. Este trabajo es su terapia psicológica, aunque su mirada inundada de lágrimas demuestra que libera emociones, pero nunca las olvida. Ahora salgo con sentimientos encontrados, Bill Spade me hizo sentir un turista miserable. Reconozco que la Zona Cero de Nueva York se ha convertido en una de las principales atracciones de la ciudad y se ha integrado al catálogo de los lugares más visitados de la Gran Manzana. Pero el diseño arquitectónico del Memorial es aún más triste. Las dos fuentes con los espejos de agua que cubren el área donde se ubicaban las torres, así como las placas en bronce con los nombres de cada una de las víctimas, hace que los visitantes guarden silencio. Todo mientras el agua cae sin cesar, creando un sentimiento de vacío. 6 Aunque tengo todavía que conocer más de esta ciudad, me viene a la cabeza la primera vez que la visité, dos meses después de los atentados. La ciudad estaba sumergida en un sopor silencioso que atribuí en partes iguales al luto y la conmoción. Hoy, Nueva York volvió al desvelo, la metrópoli sigue entregada al escandaloso narcisismo y a su disfraz estrambótico que le caracterizan. La Gran Manzana es admirable, es a prueba de todo.

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EN LA RED:

SALUMERIA ROSI: www.salumeriarosi.com

LES HALLES: www.leshalles.net 411 Park Ave, Nueva York.

Z HOTEL: www.shotelnyc.com 11-01 43rd Ave, Long Island City, Nueva York.

KITANO: www.kitano.com 66 Park Ave, Nueva York.

MUSEUM OF THE MOVING IMAGE: www.movingimage.us 36-01 35th Ave, Queens

5 POINTZ: www.5ptz.com 45-46 Davis St, Long Island City

THE HIGH LINE PARK: www.thehighline.org

911 MEMORIAL: www.911memorial.org 1 Albany St.

911 TRIBUTE CENTER: www.tributewtc.org 120 Liberty St.

 

Por Pepe Treviño Fotos Federico de Jesús Edición video Carlos Carrillo