Aruba la paradisiaca isla de Babel en el Caribe

Por Roxana Zepeda. IG y Twitter (@TastyToursMX).

Cada vez que me siento estresada me gusta relajarme pensando que voy muy lejos a un destino exótico de nombre raro del que no se nada, ni siquiera exactamente dónde está en el mapa o qué encontraré en él. Así comencé a elaborar mi lista de lugares a los que deseo ir alguna vez en la vida: Abu Dabi, Wyoming, Timbuktu, Keflavik y, por supuesto, Aruba.

Me encantó ver las reacciones de mis amigos cuando les dije que iría a Aruba: “¡Wow que bien, felicidades!”, después se desdibujaba su sonrisa y ponían cara de duda y vergüenza: “¿dónde está Aruba?”, nueve de cada 10 que me preguntaron no tenían idea. Ese desconocimiento sobre la isla caribeña me animó más a hacer este viaje, abierta a conocer y aprender todo lo posible del destino.

Dicen que desde Aruba se puede ver la punta de un cerro de Venezuela, su territorio es de 180 kilómetros cuadrados, poco más grande que la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México. Su población es de apenas 100 mil habitantes y es visitada por más de un millón de turistas al año, así que es posible caminar por la isla y descubrir que la mitad de la gente que te encuentres son visitantes, de ellos, el 70 por ciento son estadounidenses.

Pero hay que conocer la historia para entender la esencia y la cultura de Aruba; la isla fue invadida por portugueses, ingleses, españoles y holandeses que se mezclaron con los antiguos indígenas arubianos, los arawak, dando lugar a su idioma: El papiamento.

Con la idea de que encontraría muchas cosas interesantes en Aruba, emprendí el vuelo y después de 6 horas mis pies estaban en el Caribe. Llegué a la zona de Palm Beach, una de las más turísticas de la isla, ahí me hospedé en Brickell Bay, un pequeño hotel de los más antiguos. Después de una haberme alimentado con comida de avión mi estómago pedía alimentos auténticos, una buena cena, así que me dirigí al restaurante la Quinta del Carmen. Al llegar al lugar vi que era una gran casa con el patio acondicionado como restaurante, una mesera me contó que esa casa fue el primer hospital de la isla, ahí era el sito a donde llevaban a los trabajadores de la refinería cuando Aruba producía petróleo.

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Mientras me contaba esta historia Juliana fue interrumpida por una de sus compañeras que le dijo algo en papiamento, ella respondió, pero también me preguntó, en español, qué iba a ordenar. Pedí unas costillitas de cordero, acto seguido habló con alguien de cocina en holandés, después se despidió de unos comensales en inglés, todo esto ocurrió en menos de dos minutos.

ARUBA ES MUCHO MÁS QUE PLAYAS

Al día siguiente desayuné unos waffles estilo belga en un restaurante cerca del hotel. La mesera que me atendió era colombiana y había llegado a Aruba como muchos de los migrantes de más de 70 países que viven ahí, huyendo de la violencia en la década pasada.

En la isla los meseros ganan uno de los salarios mínimos más altos del continente, mil dólares al mes más propinas, lo que les permite tener una buena calidad de vida.

Con el sol a su máxima potencia, una camioneta negra 4x4 pasó a recogerme para dar un paseo. Jasmine, una arubiana amable y alegre, sería la encargada de conducir y resolver algunas de mis inquietantes curiosidades; al pasar por los hoteles noté que frente a ellos había muchas casas de fachadas de colores, pensé que serían residencias de extranjeros u hostales, pero Jasmine me dijo que en la isla no hay hostales y esas casas eran de arubianos. Nuestra primera parada fue en el Faro California, al noroeste de Aruba; cuentan que se construyó en 1910 tras el naufragio del barco estadounidense California. Desde ahí la vista de la isla es imponente, se pueden ver varias playas, algunas de ellas casi vírgenes.

Al seguir nos encontramos con viajeros que iban en Jeep, otros en cuatrimoto y unos a caballo. Ahí me di cuenta que para ir más allá de las playas y conocer el corazón del destino debes rentar un vehículo 4x4, pues de un punto a otro el paisaje cambia de forma extrema y del mar azul claro con arena blanca, pasamos a un camino de terracería con cactus y cerros con poca vegetación. Después grandes formaciones rocosas que dan la apariencia de estar en un planeta desierto, más adelante no hay camino ni letreros, sólo terracería y marcas de llantas que se siguen como las huellas en un mapa. Rentar un vehículo cuesta entre 80 y 120 dólares por día.

En el camino observé unos contenedores gigantes sobre los cerros, Jasmine me contó que ahí almacenaban el agua potable. Aruba es un lugar árido sin ríos ni lagos, pocas gotas de agua dulce llegan a la zona, pues se encuentra fuera del cinturón de huracanes, así que a lo mucho llueve 15 minutos durante 10 días al año. El Estado cuenta con una fábrica desalinizadora que purifica el agua de mar y luego la mineraliza para enviarla a toda la isla, al mismo tiempo produce electricidad. Los arubianos se sienten orgullosos de su agua porque es la segunda mejor agua del mundo después de la de Dubái.

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Llegamos a una construcción amarilla que parecía una casa en medio de la nada, era la capilla de Alto Vista, la primera iglesia de Aruba, cuando vi que era católica me sentí desconcertada por la fachada simple y sin adornos, más parecida a una iglesia protestante. Más adelante encontramos una vieja construcción en ruinas, la mina de oro de Bushiribana. Según Jasmine, los antiguos pobladores hicieron la construcción como un fuerte para que los piratas pensaran que había soldados vigilando. Se cree que aún hay oro en Aruba, pero está en el Parque Nacional Arikok, un área natural protegida que ocupa casi el 20 por ciento de la isla.

Seguimos el recorrido hasta un extraño lugar llamado Casibari, un monolito de piedra gigante cuya formación aún es un enigma. Alrededor varias esculturas rocosas me hicieron sentir como si estuviera en Rocadura, la ciudad de los picapiedras. En este pequeño parque estaba una joven maestra con más de una veintena de niños menores de 5 años, la saludé y me contó que en Aruba el papiamento se aprende en casa y en las escuelas les enseñan el holandés; el español y el inglés son materias adicionales que se practican con los turistas, por eso los arubianos hablan al menos cuatro idiomas.

Después del largo recorrido hicimos una parada para probar las delicias arubianas. Llegamos a West Deck, un restaurante en una playa casi desierta de aguas cristalinas y tranquilas. A lo lejos un pequeño barco viejo y abandonado en la arena adornaba el paisaje. Me dejé guiar por el mesero del lugar, que me dio a probar bolitas de queso holandés empanizadas y fritas, caracoles, pescado mahi mahi, pargo rojo, camarones con salsa de mango y el famoso keshi yena, un platillo con pollo deshebrado guisado cubierto de queso holandés con salsa de tomate, todo esto acompañado de una cerveza local Chill bien fría.

Para bajar la comida, Jasmine me dejó en el centro de Oranjestad, la capital de la isla. Caminé por las calles admirando la extraña arquitectura, mezclada, como todo en la isla, con el estilo de las fachadas holandesas que por unos momentos me hacían creer que estaba en Europa, después el mirar los cálidos colores entre rosa, azul, amarillo y verde me recordaban que estaba en un pedacito holandés del caribe. Centros comerciales, tiendas de marcas de lujo, restaurantes y turistas inundaban las calles y me hacían sentir como si estuviera en Miami, pero algo extraño ocurría, desde que llegué no había visto ningún policía, tampoco basura, indigentes o perros sin hogar.

Decidí alejarme y vivir algo “más local”: Entrar a un supermercado en busca de productos de la isla; pasé por varios tratando de hallar uno que pareciera arubiano, pero extrañamente todos tenían nombres chinos, entré a uno para preguntar y la señorita de la caja me contó que todas las concesiones de supermercados se las habían dado a un chino, mismo que trajo a sus parientes y amigos a administrar otras tiendas; las áridas tierras no permiten que crezca mucho, la fruta y la verdura es importada de Venezuela y el resto de los productos vienen en su mayoría de Holanda.

A lo lejos en un rincón vi una de las pocas cosas que se hacen en Aruba, una rara salsa picante de papaya. Los precios estaban en florines, la cajera me dijo que cada dólar equivalía a 1.75 florines, que eso no variaba desde que ella era niña, me dio el cambio en unas monedas cuadradas de 50 centavos y me dijo que si buscaba algo que creciera en Aruba fuera a Aruba Aloe, una compañía de productos de belleza que supo explotar lo que fue la segunda fuente de ingresos después del turismo: El Aloe Vera. Esta planta es tan apreciada que muchos arubianos la tienen dibujada en las fachadas de sus casas y hay algunos que la ponen en la entrada para alejar malas vibras.

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Después fui a cenar un restaurante en la zona de Savaneta, Fliying Fishbone, un lugar de mariscos frescos en el pueblo de pescadores más antiguo de Aruba. Ahí puedes cenar literalmente con los pies en el mar, las aguas son tan calmadas que no hay riesgo de que una ola llegue y mueva la mesa. Ahí vi el atardecer mientras disfrutaba de un pescado con camarones.

PAISAJES SURREALES ENTRE LA PLAYA Y EL DESIERTO

Por la mañana volví con Jasmine a Savaneta, nuevos paisajes me sorprendieron, grupos de cabras y hasta un “oasis de burros” al pie de la cárcel de Aruba. Otras formaciones llamaron mi atención, cerros porosos de color arcilla con extrañas formas; cuentan que Aruba surgió del mar hace millones de años y que esas montañas son arrecifes de coral que se encontraban en el lecho marino. Jasmine me dijo que en el Parque Nacional Arikok hay cuevas con pinturas rupestres que pueden explorarse.

De pronto entramos a un camino de terracería con rocas rojizas, un lugar que parecía Marte, bajamos entre las piedras hasta llegar a un acantilado, ahí estaba un puente natural formando un arco donde rompían las olas. En nuestro camino encontramos otro puente de piedra en una pequeña playa virgen. Según Jasmine hay seis de estas formaciones en toda la isla. Regresamos a la camioneta con rumbo a la playa y vimos un largo terreno con cruces y tumbas, Jasmine me dijo que era un cementerio de mascotas, un lugar sin principio ni fin en medio de la nada y con vista al Caribe.

Después llegamos a una playa llamada Baby Beach, ahí nos esperaba la familia de Jasmine para hacer un pic nic. Bajo la sombra de unos árboles ya estaban montadas sillas, hamacas y una mesa con bocadillos de pescado con pan de hot cake que había preparado la madre de Jasmine.

Baby Beach tiene una esencia mágica, miré a varias personas que estaban a unos 20 metros lejos de la orilla dentro del mar, el agua apenas les llegaba a la cintura. Las olas casi no existen en esta playa, la arena es tan fina y blanca como si fuera harina y el agua es limpia y transparente al grado que puedes ver tus pies y algunos peces. Era medio día y el sol estaba a plomo, pero la brisa permanente que hay en Aruba no me permitía sentir calor ni tampoco que se quemaran mis pies al pisar la arena, me senté a la orilla de la playa a admirar el paisaje y ese azul claro del mar; me dediqué a escuchar las aves, sentir el agua y la arena cobijando mis piernas en cada ola que llegaba.

Por la noche viví una experiencia gastronómica distinta a lo convencional: Una cena en Screaming Eagle, un restaurante de cocina francesa-caribeña donde en lugar de mesas hay camas. Este lugar, del chef holandés Erwin Hüske, fue reconocido como el mejor restaurante del caribe en 2015. Probé un corte de rib eye con salsa de trufa y un creme brulee de foie gras con mermelada de manzana.

EL MITO DE LOS FLAMINGOS Y EL BARCO HUNDIDO

En Internet encontré muchas imágenes de flamingos en una playa tranquila de aguas cristalinas en Aruba, así que en mi último día emprendí la búsqueda. Me dijeron que debía tomar una lancha en el hotel Renaissance que me llevaría a una isla privada, ahí se derrumbó el gran mito: Aruba no es una isla de flamingos, solamente hay seis y están en la playa de Renaissance.

Mi último paseo en Aruba fue a bordo de un catamarán de la agencia De Palm Pleasure, que ofrece experiencias de snorkel, buceo, barco submarino y recorridos por tierra. En el barco había una zona de bebidas donde un bartender moreno, con rastas y cubierto de tatuajes preparaba cocteles y destapaba cervezas Balashi, otra marca local. La bebida de la casa era el Aruba ariba punch, de nuevo la esencia de las mezclas se hizo presente, estaba hecho con jugo de naranja, piña, arándano y “licores de todo un poco”; sonaba peligroso pero al mismo tiempo interesante, así que probé uno.

El barco se detuvo cerca de una playa, Albert, el capitán nos contó que abajo estaban los restos de Antilla, un barco alemán que fue hundido en la Primera Guerra Mundial. Los pasajeros se colocaron aletas, lentes y tubos de snorkel para saltar al mar en busca del barco, yo me quedé mirando desde arriba mientras Albert intentaba convencerme de nadar, pero mi miedo y respeto al mar fueron más grandes, así que le dije que prefería quedarme a platicar con él. Me contó que toda su familia era de pescadores y su pasión era conducir barcos, por ello compró un viejo catamarán que ha reparadoo por años para lanzar su compañía; el capitán me dijo que la próxima vez que vuelva a Aruba busque la agencia “Blue Sea Horse”, me habló en un tono seguro, sabiendo que volveré, porque dice que más de la mitad de los visitantes que van a Aruba regresan antes de 5 años.

Me despedí de la isla con esa promesa de volver. Al subirme al avión, a mi lado se sentó un músico arubiano que me pidió escuchar una canción que había compuesto, el ritmo era una salsa con tonos africanos, le llaman “tumba”, una mezcla de salsa y rumba, la música típica de la isla; la canción hablaba de dar la mano a migrantes que llegan a Aruba; En esos días entendí que la esencia de la isla son las mezclas entre arubianos y migrantes que dan un toque especial a ese rincón del Caribe.

DATOS CURIOSOS SOBRE ARUBA

- Puedes encontrar hospedaje de lujo en la isla desde 2000 pesos por noche o hay algunos hoteles que no tienen playa hasta por menos de mil pesos por noche.

- La playa de Eagle Beach es considerada una de las 10 mejores del planeta según viajeros.

- Si eres médico o enfermero (a) serías bien recibido para trabajar en la ciudad. La isla sólo tiene un hospital y para recibir cita de un especialista pueden pasar hasta más de cuatro meses.

- No hay estaciones del año, las temperaturas oscilan entre los 20 y 36 grados siempre.

HOTELES

Brickell Bay Beach club & spa

www.brickellbayaruba.com

Hilton Aruba caribbean resort & casino

www.hilton.com/aruba

Renaissance Aruba

www.renaissancearubaresortandcasino. com/

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