Ciudad Fernández: Escondite potosino con grandes historias

Texto: Eugenia Revoreda  @eugeniarevoreda

Fotos: Pepe Treviño  @pepe_trevino

En las entrañas de San Luis Potosí, ubicado en la Zona Media de la demarcación y a 133 km de la capital potosina, se encuentra el municipio de Ciudad Fernández, lugar al que se le conoce como Tierra de la naranja y azahar por ser éstos de sus principales recursos de producción y en donde la obra cultural e histórica del sitio –en su mayoría legado español–, se refleja en la arquitectura de sus antiguos monumentos, la deliciosa gastronomía típica de la región y en las festividades tradicionales que conceden esencia e identidad a la población.

La vida aquí pasa lenta. Me doy cuenta de ello al empezar mi recorrido por las tranquilas calles de este cabildo, que antaño fue parte de la comarca de Rioverde (municipio con el que la ciudad colinda hacia el norte, sur y este) y descubro que se trata de un lugar en donde reina la bonanza. No es una zona dedicada al turismo típico que atrae a grandes masas de extranjeros, por el contrario, se trata del sector perfecto que todo viajero tiene que visitar si lo que se quiere es descansar del ajetreo caótico de las principales urbes del país y conocer interesantes aspectos relacionados con la historia, la cultura y el asentamiento de los antiguos pobladores de la región centro-norte del altiplano mexicano.

TIERRA POTENCIALMENTE TURÍSTICA

Entusiasmada con la caminata sobre Boulevard El Refugio, observo los distintos escenarios por los que paso; leo letreros, veo anuncios y descubro poco a poco que en el interior y en las afueras de Fernández, existen atractivos rincones por explorar con alto potencial turístico, muchos de ellos rodeados de impresionantes paisajes propios de la Zona Media, en donde grandes colinas verdes contrastan con la vegetación del desierto.

Sigo andando sobre esta avenida principal y veo a lo lejos vastas hectáreas inundadas de naranjos que, ‘a ojo de buen cubero’, me indican que la economía rural se basa principalmente en la producción de naranja y que ésta es parte importante del sustento de la localidad.

OJITO DE AGUA, DONDE TODO INICIÓ

Mientras camino, reconozco que el calor húmedo no es lo mío, aunque los lugareños me comentaron que allí el clima varía: un día puede hacer frío y llover, y otro sentirse un bochorno seco. Me detengo en un punto ubicado entre las calles Av. Benito Juárez y Cepeda en el que se encuentra un manantial convertido en pozo, al que localmente llaman Ojito de Agua.

Éste es el punto de inflexión entre la historia del municipio vecino de Rioverde y Ciudad Fernández, pues se trata del símbolo sobre el que se fundó el primero con el antiguo nombre de Villa de Santa Elena y que (posteriormente) se convirtió en Villa del Dulce Nombre de Jesús, hasta recibir la denominación actual en honor al general español Zenón Fernández.

A este lugar llegaron los franciscanos con nada más que un poco de maíz tostado y cuando se dieron cuenta de que era tierra fértil, decidieron establecerse para poder adoctrinar a los indígenas que allí residían, quienes a pesar de contar con pescado para comer, se alimentaban de raíces y frutas silvestres. Cabe destacar que este ojo de agua dulce es el que abastecía a todos los poblados aledaños.

MOJARRAS DE ABAJO, DONDE ESCUCHAS EL SONIDO DEL SILENCIO

PT-MEX-CDFDZ-DSC_4987 copiaDespués de inspeccionar y conocer la historia del ojito, me dirijo a la localidad de Mojarras de Abajo, ubicada en el km 70 de la carretera Rioverde-San Luis.

El paisaje que se tiene que recorrer para llegar hasta aquí es im-pre-sio-nan-te. Sentirse insignificante es una sensación común cuando te das cuenta que estás rodeado de gigantescas colinas y montañas verdes que se yerguen altivas por el prominente valle. Una vez que llegas a Mojarras, la sensación se convierte en algo mejor: puedes escuchar –literal– el ruido del silencio, y la paz que se siente en el sitio es tan fuerte que sientes cómo poco a poco tus sentidos se despiertan, y se ponen en alerta para recibir nada más que la buena vibra que emana de este lugar.

Lo que aquí descubres, es una antigua iglesia de principios del siglo XIX que en su interior cuenta con pinturas de la misma época. Así, solitaria y erguida sobre un terreno llano (que antiguamente se conoció como Villa de Márquez), la catedral se convierte en un lugar místico que encierra entre sus paredes pedazos de historia que otorgan alma a la región.

BARRIGA LLENA, CORAZÓN CONTENTO EN LAS HUERTAS

PT-MEX-CDFDZ-DSC_5074 copiaDicen que al llegar a Ciudad Fernández lo que tienes que comer son las típicas Gorditas de Revoltillo y el Asado de Boda. Con esta idea en la cabeza –y yo siendo una glotona entusiasta–, decidí poner manos a la obra y entrar a comer en Las Huertas, una destacada lonchería del lugar ubicada en el ejido de El Refugio.

Mi corazón vibró al ver el delicioso banquete y sentada en una sencilla mesa de plástico vino a mí una idea: No se conoce bien un lugar si no se prueba su comida. Detrás de cada platillo, existe un sentimiento que da origen al sazón que conecta con las raíces más profundas de las historias de la región. Aquí se cocina con amor y se nota en el sabor y en el trato.

Mi sonrisa aparece cuando pruebo las Migadas, una especie de gordita gigante de masa gruesa hecha a mano, frita con manteca y rellena de queso o requesón. Se hace más grande cuando saboreo el Asado de boda, una especie de confit de carne de cerdo con chile de cascabel, y se desborda cuando degusto el pan de queso con el café de olla. Me acabo con trabajo los platillos, no porque me costara comerlos, sino porque quise comer de todos. Sin duda terminé con la barriga llena y el corazón contento.

LA MEZCLITA: VESTIGIOS DE LA ANTIGUA ZONA PAME

PT-MEX-CDFDZ-DSC_4897 copiaAl noreste del ejido de El Refugio se encuentra la comunidad del Potrero de San Joaquín. Aquí se ubica un importante museo conocido como La Mezclita cuya fachada tiene un grabado indígena mexicano pintado en blanco y negro. Éste fue construido por el señor Andrés Rodríguez Bizarraga, oriundo del lugar y encargado del mismo. “Todo lo que usted ve aquí fue desenterrado con mis propias manos, a esto me dediqué como pasatiempo durante gran parte de mi vida y cuando ya no supe qué hacer con tantas figuritas, decidí construir un lugar especial para conservarlas y mostrarlas”, me dijo con determinación el simpático señor de 62 años.

“Las piezas ya están certificadas por el INAH y ahora, si alguien encuentra una tiene que avisar al instituto para que la revisen porque si no, te multan. Por eso dejé de buscar, pero no falta quien encuentre y crea que no tiene importancia. Si la ven se la quedan y no dicen nada”, comentó Don Andrés quien dentro de su pequeño museo, alberga más de 500 piezas de asentamiento indígena de la Antigua Zona Pame, herencia prehispánica de la historia arqueológica de la región centro-norte del país.

Hago una minuciosa inspección en cada vitrina a la que me acerco. En su interior, cada pieza ocupa un lugar especial y la mayoría son esculturas humanoides que poseen grandes miembros viriles, cabezas de animales y en algunos casos, granos de maíz. La matrícula del museo se llevó a cabo el 28 de julio de 1997 y mientras esto ocurría, un grupo de muchachos que pasaba junto a un camellón de piedras arrancadas, encontró dos rocas diferentes a las demás, una en forma de metate y otra en forma de herradura. Cuando los arqueólogos las examinaron, descubrieron que se trataba de un yugo conocido con el nombre de Jaguar de la Cultura Teotihuacán. Conocer Ciudad Fernández es descubrir un mundo turístico diferente al que estamos acostumbrados a ver en lugares de alta demanda pachanguera. Lo que esta ciudad ofrece es un legado cultural bastante amplio, una oportunidad de encontrar un buen lugar de descanso y la capacidad de sorprenderte en cada rincón. CÓMO LLEGAR: Desde la ciudad de San Luis Potosí tomar la carretera Cerritos- Rioverde (1 hora y media). DÓNDE HOSPEDARSE: Cabañas Spa & Temazcal Verde Limón: Blvd. Ciudad Fernández–El Refugio.

  1. 487-1032-683