Recorre Dolores Hidalgo de la mano de José Alfredo Jiménez

Texto y video: Renata de Castro

México es un país lleno de raíces y tradiciones, y Dolores Hidalgo, Guanajuato, es parte muy importante de esta historia. Es mejor conocido como la cuna de la independencia de México, donde el Cura Don Miguel Hidalgo, en la madrugada del 16 de septiembre de 1810, llevó al pueblo frente a la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores para acabar con el mando de los gachupines, ahí le pidió al pueblo unirse como mexicanos por el bien de la nación y las futuras generaciones. Visitar el pueblo donde esto sucedió tiene su encanto, así como escuchar de sus pobladores la pasión que comparten por este suceso también, pero ver a Dolores Hidalgo desde el punto de vista de José Alfredo Jiménez... eso no lo había vivido. Ya  conocía este bonito pueblo mágico, pero esta vez el encanto fue más apasionado, más profundo, ya que estuvo acompañado de las hermosas letras de este cantautor mexicano. No sólo me enamoré de Dolores y sus historias apasionadas, me enamoré de José Alfredo Jiménez y de su poesía y amor hacia nuestro país. Caminar y ver lo que inspiro a sus letras tan famosas, hizo de esta visita algo especial.

Este viaje empezó con huevos, un buen desayuno. Los huevos independencia llamaron mi atención en la carta, un platillo delicioso de huevos estrellados con papas y ensalada, un desayuno digno de Dolores. Café de olla y José Alfredo Jiménez viéndonos desde un cuadro colgado en la pared que decoraba el lugar. 

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El Museo de la Independencia cuenta su historia con hermosos y pintorescos murales y pinturas. Anteriormente era la cárcel municipal en donde el Cura Miguel Hidalgo liberó a los presos para unirse a la lucha. Un punto digno de visita para adentrarse en este histórico lugar.

Al salir, no te pierdas de las nieves artesanales con sabores mexicanos y exóticos de Helados Aguilar en la plaza principal. Sabores como camarón, aguacate, mole, chicharrón, zapote, nopales, mantecado, garambullo, etc, de los cuales mi preferido fue el de cerveza con chile piquín. 

Dolores tiene viñedos y una buena producción de vinos. Visitamos el museo del vino que cuenta el proceso de elaboración; este museo cuenta con un hotel boutique. En un pasado, la morgue del pueblo se encontraba en este mismo lugar. En las noches se han captado en las cámaras más que huéspedes paseando por el hotel y museo. Dato importante: los vinos estaban prohibidos en 1803 para no generar competencia con España, fue Hidalgo quien promovió la construcción de los viñedos. La gente hasta la fecha lo admira y  respeta por las innovaciones que trajo en la época.

Cuna de tierra: vinos con independencia y carácter.  Hicimos un recorrido por estos viñedos mexicanos con una arquitectura que denota diseño y con una guía que nos compartió su conocimiento en el tema. Tomamos vino tinto y blanco en todas sus modalidades, acompañados de comida con ingredientes orgánicos del lugar. Después de presenciar el atardecer en sus amplios terrenos, regresamos al hotel.

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Un baño refrescante y una cerveza artesanal Allende en el bar del hotel. Nos dirijimos al centro, gran espectáculo nos esperaba: Video Mapping en la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores fue un gran show. Una proyección perfecta y a la medida nos hizo revivir el grito. Me dejó boquiabierta y con ganas de ver más. Dimos un recorrido a pie con la tranquilidad que tiene este pueblo mágico.

Después de un sueño profundo, a la mañana siguiente, visitamos el Templo del Señor del Llanito. Antes de entrar nos contaron la historia de este peculiar templo. Cuando llegaron los españoles obligan a los indígenas de la región a creer en la religión católica, los cuales se opusieron. No fue hasta que vieron flotando en el río la imagen labrada en madera del Cristo, que acabó ahí por azares del destino, que los pobladores de la región decidieron creer, ya que ellos jamas habían visto una imagen detallada humana hecha de madera. Lo toman como un milagro y hasta la fecha siguen creyendo fervientemente en su poder. Dentro del templo se encuentran cartas, fotos y un sin fin de agradecimientos por los milagros que han ocurrido con el paso de los años. Al salir nos esperaba un desayuno digno de los Dioses, tipico y delicioso de la región: Tortillas ceremoniales otomíes hechas en el momento por cocineras tradicionales. Las mujeres imprimieron en ellas, con la prensa de tortillas, la imagen de Cristo, utilizando tinturas naturales provenientes de vegetales como betabel, palo de Brasil, manzanilla, como algunos ejemplos de colores; café de olla, atole, y guisos en cazuelas de barro como vitoalla, platillo típico a base garbanzo, zanahoria, repollo, cebolla, ajo y jitomate (perfecta para veganos) huevos en chile gaujillo, verdolagas, frijoles y fideo seco, fueron parte de este festín.

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El Museo de José Alfredo Jiménez y su tumba son un must en este viaje. El Museo fue hecho por su hija Paloma en la casa donde nació su papá. Abierto al publico desde hace 9 años, recibe visitas de los cuatro continentes. En temporada alta la fila para entrar le da vuelta a la cuadra, haciéndolo el primer lugar de visitas en la entidad, la casa museo más visitada según la UAM. Al recorrer su museo se encuentran partes de sus líricas entre sus memorias, contando así la historia de su vida, de como y cuando fueron estas inspiradas. 

Siguiente parada fue su tumba: Tuvimos la gran fortuna de contar con marichis cantando ¡VIVA MÉXICO! y más de este gran poeta en su última morada, no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Su tumba fue diseñada por el arquitecto Javier Senosiain, una construcción digna e impresionante.  

Para la foto del recuerdo, la tumba es coronada por un sombrero gigante de charro con su epitafio LA VIDA NO VALE NADA; a cierta distancia parece que el sombrero lo traes puesto, no olvides tomártela.

Otro buen souvenir del viaje son las famosas artesanías mayolica. Este estado cuenta con mil talleres sin repetir ningún diseño en sus productos. Los alfareros están hasta la fecha agradecidos con el Cura Miguel Hidalgo, ya que en 1803 implementó el torno mejorando este oficio.

Nos despedimos de este mágico pueblo con un banquete de arrachera, chiles asados y frijoles de la olla. Ahora que escucho a José Alfredo Jiménez me suena diferente, lo disfruto mejor después de esta grata experiencia.