¿Por qué San Cristóbal de las Casas es un destino mágico?

Autor: 
Andrea Mendoza Galindo

La tierra húmeda de hábitos y tradiciones es capaz de enamorar a cualquiera. Bajo el mismo cielo conviven una infinidad de personas y costumbres que muestran las cosas maravillosas que pasan cuando varias culturas se juntan.

Empapada en lluvia, encanto e historia, así es San Cristóbal de Las Casas. La ciudad chiapaneca de techos de teja abre sus puertas a quien quiera adentrarse en sus pequeñas calles de casas coloridas y puertas antiguas. A la vista es una mezcla entre artesanas vendiendo textiles en la calle, mexicanos deambulando entre la gente y extranjeros maravillados con el arcoíris intercultural.

“El más mágico de los Pueblos Mágicos de México”, como suelen llamarle, le hace honor a su sobrenombre. Es uno de los destinos turísticos en donde la mayoría de los habitantes son indígenas. Basta con salir a las calles de San Cris, otro de sus apodos, por cinco minutos para empezar a percibir el olor de las delicias del destino, para ver la explosión de tradición y para sentir la fuerza de las calles. En esta pequeña ciudad casi siempre está lloviendo, por lo que es indispensable llevar unos zapatos poco propensos a arruinarse con el agua, además de un paraguas para que la exploración no se detenga por las inclemencias del tiempo.

Una dulce manera de iniciar es con una marquesita, que para nada es difícil de encontrar pues hay carritos en casi cada esquina del centro. Para paladares más salados un elote o un esquite son ideales, no nos dejemos llevar por la costumbre de lo conocido, el sabor del maíz de Chiapas dista mucho de parecerse al de cualquier otra parte del país.

Para cruzar la ciudad a pie nada como el Andador Eclesiástico, una calle peatonal sobre la que se encuentra una variedad interesante de comida, atractivos y artesanías.

No se puede ir a Chiapas sin tomar al menos una taza de café, para suerte de los viajeros que prefieren las marcas independientes, San Cris no ha sido invadido por cafeterías de cadenas internacionales, por lo que es una especie de oasis cafetero. No importa en qué parte del municipio te encuentres, inevitablemente habrá un lugar para sentarte a disfrutar del preciado líquido. El centro es una buena zona para encontrar un local chic para tomarse una taza de café, pero si lo tuyo son los lugares pequeños y no tan concurridos puedes caminar por toda la calle Real de Guadalupe, ésta tiene galeríasde artistas nacionales e internacionales, hostales, tiendas y cafés un poco más sencillos pero de calidad insuperable y sabor increíble. Si corres con suerte tu café será servido por baristas de alguna comunidad indígena.

Con el buen sabor de boca puedes seguirte toda esa calzada hasta la Iglesia de Guadalupe, que observa desde las alturas de un cerro a los propios y extraños que deambulan por la zona. Para llegar al recinto hace falta respirar profundo y subir cientos de escalones, pero la vista en la cima vale cada gota de sudor y cada paso cansado. Ahí, en uno de los puntos más altos de la ciudad, es más evidente que el destino destila magia.

RECORRIDOS NOCTURNOS

San Cris tiene muchas leyendas e historias tradicionales, por las noches hay paseos en los que un actor junto con un guitarrista explican cómo era el destino en la época colonial. ésta es una buena manera de conocer la ciudad desde una perspectiva distinta.

PARA DORMIR

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