Aguascalientes, gallos, trenes y toreros

Texto: Andrea Mendoza Galindo

Fotos: Iván Victorio

Fui a Aguascalientes justo a finales de la Feria de San Marcos y descubrí que sí, fuera de los 9 kilómetros de celebración hay una ciudad que aguarda ser vista. Lo primero que noté fue el color rosa que emana de todo el centro, indudablemente, los edificios, iglesias y construcciones antiguas están hechos de cantera rosada. Los anuncios de la localidad me invitaban a comer el “Chile Aguascalientes”, el platillo típico de la región que, por alguna razón que nadie supo explicarme, únicamente se puede probar en unos 7 restaurantes a lo largo de la capital. Después de algunas horas en carretera y de probar que la publicidad funciona conmigo, lo único que quería era probar ese famoso platillo que había llenado mis ojos.

Llegué a hotel Misión Aguascalientes Sur, una vez con mis cosas arrumbadas en la cama bajé a comer y, aunque no resultará una novedad después de la explicación del párrafo anterior, frente a mi silla esperaba el famoso “Chile Aguascalientes”. La forma más fácil de explicar su sabor es haciendo referencia al chile en nogada, el platillo tradicional es una variación igual de rica. Básicamente, es un chile ancho asado que se rellena de carne molida sazonada con frutas; la verdadera magia es la salsa hecha con almendras, manzana, biznaga y el ingrediente estrella de la región: guayaba.

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Ya con el estómago lleno era necesario combinar el proceso de digestión con el proceso de descubrimiento de la ciudad. Para proseguir con las tradiciones hidrocálidas fui al museo de uno de los orgullos del estado: José Guadalupe Posada, el hombre al que se le atribuye la creación de La Catrina creció en las calles por las que mis pasos rondaban. El recinto que lleva su nombre es una casa que en una sola planta hace un recuento del trabajo del “genio de la estampa”. Me encontré caminando entre antiguos recortes de periódico, las placas de madera que funcionaron como bases para imprimir y un sinfín de referentes que forman parte de nuestra vida diaria. Casi al final de la sala de exposición, desde lejos, vi postrada la imagen más famosa de La Catrina. Me acerqué sin cautela y me paré frente a ella, una de las encargadas del museo me dijo en voz baja que era la ilustración original, ahí estaba yo embelesada frente a un referente cultural mexicano que cuanto más pasa el tiempo más cobra fuerza.

Luego me monté a una camioneta y fui al próximo destino. El Barrio de la Estación es tan viejo como la separación de Aguascalientes y Zacatecas, su nombre se debe a que aquí estaba una de las paradas del ferrocarril que significó el progreso económico de la ciudad. Una mezcla de modernidad y tradición rodea todo el lugar, queda poco de la estación original pero aún se alza imponente por la avenida. Alrededor de la construcción hay decenas de casas, todas de estilo californiano y exactamente con la misma estructura. Definitivamente, la zona es un fugaz viaje al pasado rielero de los hidrocálidos.

A la mañana siguiente me propuse conocer lo más que pudiera, dado que sólo tenía un día y medio para terminar de descubrir la ciudad a la que nunca había ido. Después de un cuantioso desayuno, justo a un costado de la catedral, abordé un tranvía del que emanaba un calor soportable pero con sabor a primavera. Empezamos por ver la plaza principal, como en casi todas las entidades de la república, el principal recinto eclesiático se encuentra a un lado del Palacio de Gobierno; en seguida tomamos camino hacia los rincones del centro sólo para confirmar mi teoría: Aguascalientes es un lugar de color rosa. Muy cerca una de otra, hay varias iglesias de estilos variados pero igualmente atractivos se asoman en casi cada esquina. Nada interrumpe la visibilidad, algo que le resultó peculiar a mis ojos de citadina fue que toda la zona central está libre de basura, de animales callejeros y ningún poste ni cables de luz se hacen notar.

EL OTRO AGUASCALIENTES

Pasamos de lo clásico de la capital a la zona nueva, un gran puente divide el antes y después, una vez atravesándolo todo se transforma. Frente a mí se erigía el Teatro Aguascalientes, en contraste con lo que había percibido minutos antes, la construcción se antojaba moderna y novedosa. Grandes extensiones de pasto rodean el recinto que pretende acercar a propios y extraños al arte, la premisa del lugar es que los precios de todos los eventos sean accesibles, además facilitan transporte terrestre para que la gente pueda llegar y regresar a sus casas sin ningún inconveniente.

Además del color característico que mencioné, la tierra hidrocálida también ofrece de manera constante anuncios y carteles de toros y gallos. Es un sitio que está muy influido e interesado en la tauromaquia y las peleas, precisamente de eso parte la Feria Nacional de San Marcos. Desde escuelas hasta pequeños recintos que ofrecen espectáculos, en cada calle hay un torero y un gallo recordando que esas dos cosas forman parte de la cultura local, independiente a los seguidores y a los detractores.

Entonces pasamos a la zona deportiva, conforme avanza el paso algunos locales que viajan conmigo en el tranvía dicen claramente que la urbe es de beisbol más que de futbol. Primero está el Estadio Victoria, quien es escenario de los partidos del Necaxa, cualquiera puede entrar a visitar las instalaciones, basta con decirle a algún policía que ofrezca un recorrido gratuito por las grandas y la cancha. Luego diviso el Parque Alberto Romo Chávez, donde se disputan partidos los Rieleros de Aguascalientes, el equipo de beisbol. Y al final varias unidades deportivas para que la gente practique deportes como natación, tenis y pesas, entre otras disciplinas.

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Seguimos nuestro camino para hacer la última parada de nuevo en el centro, en esta ocasión tocamos puerto en el Jardín de San Marcos, el ícono de la ciudad. La entrada está custodiada por un arco que enuncia su nombre, pasándolo se abren brechas llenas de plantas y caminos, de vez en cuando una estatua de cobre emerge entre la vegetación para contar cómo era la vida hidrocálida en sus inicios, hay mujeres con racimos de flores, niños jugando, parejas enamoradas y, por supuestos, galleros y toreros. El epicentro del jardín es un kiosko en el que se reúnen los amigos y familias a pasar las tardes o a ver los espectáculos que se ofrecen regularmente.  

Así pasé unos minutos, tratando de grabar en mi memoria esa imagen verde y de alegría, porque sabía que mi tiempo estaba corriendo y tenía un escaso atardecer para terminar de disfrutar el lugar. Atrás de los árboles alcanzaba a ver la cúpula de una iglesia, sobre ella se cernía el cielo azul y limpio. Entre tanto, al fondo se escuchaba una canción de mariachi y con esa melodía me quedé hasta que de nuevo volví a la ciudad.

Tips de viaje

Si quieres visitar los templos e iglesias de la ciudad debes acudir antes de la una o después de la cinco, si no lo haces en ese horario será imposible que encuentres abierto.

Cuenta una historia de la ciudad que Aguascalientes logró su independencia de Zacatecas gracias a que Antonio López de Santa Ana, el presidente de México de ese tiempo, se enamoró de la esposa del gobernador y a cambio de un beso le concedió la libertad de su pueblo.

¿Dónde dormir?

Hotel Misión Aguascalientes Sur

hotelesmision.com.mx