Procesiones fetichistas y carnavales sensuales en tres ciudades

Por Andrea Mendoza Galindo.

Cuando se trata de innovar y sorprender en cuestiones sensuales, el mundo es una carta infinita de posibilidades. Los siguientes destinos son para los viajeros que ya se cansaron de las experiencias eróticas que ofrece su país, o incluso para los que prefieren irse a otro lugar a explorar su lado más kinky. Es importante destacar que éstas tendencias no son como el turismo sexual que se basa en la explotación y abuso de personas, en las ciudades que enlistamos a continuación todas las prácticas son consensuadas y de acuerdos entre los participantes.

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PROCESIÓN FETICHISTA

Cada año, último domingo de septiembre, para cerrar la Leather Pride Week (semana del orgullo del cuero), millares de personas salen a desfilar con nada más que diminuta ropa de piel negra cubriendo sus cuerpos. El evento tiene lugar en Folsom Street, una calle de SanFrancisco, y es justo su ubicación de donde el desfile toma su nombre: Folsom Street Fair. Resulta maravilloso ver a 400 mil fetichistas uno detrás de otro en un ambiente festivo que, por supuesto, incluye caravanas de dominantes con ejércitos de sumisos, personas disfrazadas, gente enmascarada y curiosos que contrastan con el paisaje de estoperoles y cuero.

Sin embargo, al tratarse del evento más grande de la cultura BDSM (bondage, disciplina, sadismo y masoquismo), las actividades no se limitan a los desfiles. Llaman la atención los espacios de expositores que venden todo tipo de artefactos, juguetes y accesorios; los últimos inventos y lanzamientos de productos fetichistas tienen lugar en Folsom Street Fair. Además, es de las pocas ocasiones en las que se realizan en la calle, a ojos de todos los asistentes, demostraciones de sumisión y sadomasoquismo. Hay también DJ’s y zonas para bailar, escenarios con artistas que realizan actos eróticos, estaciones de juegos públicos para quien quiera iniciarse en la cultura y áreas en las que se permite estar desnudo.

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Eso sí, está completamente prohibido tener relaciones sexuales durante el festejo. La gran pregunta que emerge alrededor de todo el carnaval es por qué no lo han suspendido si se trata de un evento tan irreverente. La respuesta es sencilla, además de ser el escaparate más sobresaliente de la cultura BDSM, todas las ganancias obtenidas de él se donan íntegras a asociaciones civiles sin fines de lucro, razón por la que cuentan con el apoyo de mucha gente de la comunidad, voluntarios y patrocinadores. Se estima que al año juntan alrededor de 300 mil dólares.

CARNAVALES SENSUALES

Venecia, a pesar de ser uno de los destinos que más turistas recibe al año, se convirtió en una ciudad que, hasta cierto punto, odia a los turistas. Los pobladores alegan que la mayoría de viajeros llega en cruceros de un día y no gastan en los negocios locales, por lo que no suponen una derrama económica para el lugar; mientras que la otra minoría sólo ensucia los canales y se emborracha en las calles.

El fenómeno propició que muchos residentes se mudaran a otras ciudades italianas, los pocos que decidieron quedarse son personas mayores que se van a la cama temprano, así que las calles están desiertas cuando anochece, lo que las hace perfectas para reuniones eróticas y secretas. Abundan los clubes swinger que operan de manera legal pero disfrazados de tiendas o en edificios abandonados. A muchos de ellos se puede entrar sin ningún tipo de membresía pero sí haciendo los contactos correctos. Otra gran parte requiere que hagas reservación o que te inscribas desde antes en las páginas de internet de cada asociación. De cualquier manera, el tópico en común son las máscaras, disfraces al estilo de un carnaval, pelucas y collares.

El fetiche consiste en vivir una experiencia al estilo Casanova, en la que todos los participantes permanecen en el anonimato y bajo un personaje simbolizado con sus antifaces y máscaras. Las reuniones swinger se parecen al famoso Carnaval de Venecia pero sin restricciones, se mezcla un ambiente en el que el alcohol, la noche y los placeres carnales son protagonistas. 

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EXTRAVAGANCIA NIPONA

Japón es, per se, una cultura completamente ajena a nuestra visión occidental. Entonces la complacencia, fetiches e intereses sexuales también distan mucho de parecerse a los de éste lado del mundo. Independiente al Kanamara Matsuri, el festival en el que esculturas de penes gigantes surcan las calles de Kawasaki, las sex shop cuentan con artículos que, para los ojos de algunos, pueden parecer extraños o incluso desagradables.

El caso más común son las máquinas expendedoras de calzones usados que usualmente se encuentran en las tiendas Burusera (palabra japonesa que se refiere a la venta de ropa utilizada). Dichos establecimientos comercializan todo tipo de prendas, desde calcetines hasta uniformes completos, sin embargo, el epicentro de sus ganancias es la venta de ropa interior que, por la demanda, se distribuye en máquinas de autoservicio muy parecidas a las que distribuyen refrescos o golosinas.

Otro caso también extraño son las almohadas en forma de un regazo femenino. El invento se comercializa como un cojín que ayuda a los solteros a no sentirse tan solos por las noches. Consiste, básicamente, en las piernas de una señorita arrodillada con una minifalda en color rojo o negro. La versión para mujeres empezó a venderse después del éxito del primer artículo, simula el brazo y parte del pecho de un hombre vestido con camisa.

Más común pero igualmente interesante son los cafés y bares atendidos por chicas disfrazadas de mucamas. Y aunque puede parecer que es una tendencia que se basa en el aspecto de quien atiende, lo cierto es que al entrar, el trato se basa en una relación de poder en la que el cliente es el amo y las meseras son la servidumbre, algo parecido a los roles dominantes y los roles de sumisión.