Odiseas irreverentes, cuando los viajeros y los destinos se rebelan

Por: Andrea Mendoza Galindo.

¿Ya estás cansado de ir a las clásicas ciudades a hacer las clásicas cosas? Tal vez el turismo de protesta es lo que necesitas para darle un giro a tus viajes, pero cuidado, no te vayas a topar con que tu destino está en contra tuya.

Fue en 1996 que surgió el concepto “zapaturismo”, el término se refería específicamente a los viajes a poblados chiapanecos con influencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Consistía, básicamente, en que gente alrededor el mundo conociera el movimiento zapatista desde sus orígenes pero, además, reactivara la economía de la zona y sus pobladores. A partir de entonces, y después de que diversas personalidades mediáticas de la época fueran invitadas, los viajes con fines de protesta empezaron a hacerse más comunes, no sólo en Chiapas y con los zapatistas, sino en todo el mundo. Las atracciones que aún prevalecen van desde internarse en la selva Lacandona para llegar a las comunidades más remotas, hasta comprar figuras de acción del Subcomandante Marcos.

En contraposición, están los habitantes cansados de recibir turistas en sus lugares de origen, la gente que está harta de ver sus calles llenas de extranjeros o que ha sufrido el incremento de precios en restaurantes, rentas y uso de suelo. Ellos, que quieren que se regule la entrada y salida de gente, han alzado la voz e incluso impedido que los viajeros lleguen a sus destinos.

Viajeros Protestantes

El turismo de protesta, ahora, va más allá de que los mismos habitantes del país se dirijan a las capitales para demostrar inconformidad respecto a las leyes o reformas de su gobierno. Es una tendencia en la que viajeros de todo el globo cruzan océanos para mostrar solidaridad con una causa, en casos menos extremos, los que ya están vacacionando en las ciudades se unen a las manifestaciones que estén ocurriendo en el momento.

El ejemplo más cercano al turismo de esta índole se desencadenó a partir de que Donald Trump asumió la presidencia de Estados Unidos, tras anunciar su intención de restringir la entrada de inmigrantes, gente de todo el mundo se movilizó para mostrar su descontento. En la nación de las barras y las estrellas, los aeropuertos se abarrotaron de pancartas y las calles de consignas, en pocos días, diversas ciudades del país vecino veían a propios y viajeros unirse en contra de la represión para abogar en conjunto a favor de la apertura de fronteras. El fenómeno continúa replicándose en países de todo el orbe.

De los viajes políticos a Chiapas se desprendió el turismo guerrillero, una subdivisión del turismo de protesta que sobrevive desde hace varias décadas en lugares como Colombia y El Salvador. Para fines prácticos, busca lo mismo que el zapaturismo y también es operado por agencias de viajes especializadas que tienen como guías de turistas a ex combatientes de las causas. Como viajero, estos traslados permiten experimentar un acercamiento real a conflictos sociales, pero además crea un vínculo directo con los involucrados. Conocer de primera voz los testimonios de la gente inmersa en los enfrentamientos es una de la cualidades que más interesan a los aventureros. 

En los últimos años, los motivos predilectos para realizar turismo de protesta son las  causas ambientales. De manera que los trotamundos, usualmente participantes activos de asociaciones como Greenpeace, salen de sus lugares de origen para oponerse a la caza ilegal o a tratos injustos hacia los animales, mientras que otro tanto lucha por la conservación de espacios ecológicos. Sin embargo, siguen siendo las convenciones de la Organización de las Naciones Unidas o los movimientos por la igualdad de género los epicentros de viajeros que a la vez son protestantes. Al final de cuentas y en cualquiera de los casos, ¿por qué no hacer que el viaje tenga un significado que transcienda las experiencias personales?

Destinos vs turismo

Piensa en los destinos que más turistas reciben al año a nivel mundial, piensa en la derrama económica de esos lugares, ahora piensa en el deterioro de sus monumentos y sitios históricos. A finales del año pasado y todavía a principios de este, muchos habitantes cercanos a zonas ampliamente turísticas se manifestaron en contra de la “industria sin chimeneas”, contrario al pensamiento general, su proximidad a dichos sitios los ponen en más situaciones de riesgo de lo normal: aumentan los índices de inseguridad, incrementa considerablemente la basura y desechos, pero, sobre todo, disminuye su tranquilidad y calidad de vida.

Los pioneros en alzar la voz fueron los venecianos, quienes desde hace décadas han manifestado el aumento excesivo de turistas, los habitantes alegan que la cantidad de gente que toca puerto hace que sea imposible transitar por las calles. Al recibir a tantas personas, los restaurantes y lugares turísticos incrementan sus precios, lo que provoca que vivir en la ciudad sea muy caro; a eso se le suma la basura que dejan tirada en los callejones y canales, y que, por supuesto, terminan recogiendo los locales. El punto de quiebre llegó cuando decenas de cruceros empezaron a ofrecer tours de un día en los que los viajeros bajaban, caminaban un rato y volvían a la embarcación sin comprar nada, de manera que no representaban ningún tipo de ingreso.

Algo similar ocurrió con Berlín y Barcelona, ciudades que también se vieron afectadas por la excesiva gentrificación, ya que el problema de recibir cada vez más visitantes derivó en el aumento a las rentas de viviendas y locales comerciales. En el caso de la capital alemana, la llegada masiva de gente condujo a mensajes de odio entre turistas y pobladores, además, propició que el gobierno prohibiera la renta de departamentos vacacionales, es decir, detuvo tajantemente el crecimiento Airbnb. En la ciudad española se denuncia que las condiciones laborales se han precarizado y que el espacio público se ha vuelto exclusivo de turistas, lo que deja fuera a los propios pobladores. En ambos casos, los originarios de las zonas no han parado de salir a las calles a exigir que haya normas específicas y límites para la entrada de viajeros pero, además, piden que se respete su vida diaria.

  • Dentro de los invitados a realizar el recorrido zapatista estuvieron la actriz Ofelia Medina, el director de cine Oliver Stone e incluso la ex primera dama francesa Danielle Mitterrand, a todos ellos los recibió el Subcomandante Marcos.
  • También se podría considerar a Gandhi como el precursor del turismo de protesta, él recorrió a pie 390 km para mostrar su inconformidad con el imperio británico. Durante su camino, varios seguidores le siguieron la marcha.
  • En 2006 surgió la marca de ropa Fighters+Lovers, ésta se dedicaba a vender camisetas con mensajes controversiales a favor de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Frente Popular para la liberación de Palestina a los turistas sumergidos en las zonas de conflicto, las ganancias (en teoría) eran mandadas a los grupos de choque.
  • Debido a la cantidad exagerada de gente, se estima que mil personas abandonan Venecia al año. Actualmente, la ciudad únicamente tiene 55,000 habitantes pero recibe un aproximado de 24 millones de turistas anualmente.